Seleccionar también es cuidar el equipo

Hay algo en lo que me he dado cuenta recientemente: la verdadera importancia que tiene el proceso de selección.
Y creo que me he dado cuenta especialmente ahora, después de varias incorporaciones nuevas al equipo. De repente, ves que han entrado varias personas nuevas en la oficina y piensas: uf, realmente esto es más complicado e importante de lo que parece.
Cuando buscamos a alguien, es fácil centrarnos en si el perfil “es bueno”: su experiencia, lo que ha hecho hasta ahora, sus conocimientos, si técnicamente encaja con lo que necesitamos…
Pero hay mucho más detrás.
La realidad es que muchas veces el proceso empieza con algo tan sencillo como: “vamos a necesitar a alguien”.
Y a partir de ahí toca moverse rápido: revisar la base de datos, publicar una oferta, hacer búsqueda activa, hablar con candidatos… Y en un mercado complicado como el actual, muchas veces tienes suerte si encuentras uno o dos perfiles que realmente puedan encajar.
Y entonces llega la siguiente pregunta: vale, ¿pero realmente encajan con el equipo?
Además de valorar si una persona puede desempeñar bien el trabajo, es importante tener en cuenta que su incorporación no se limita al puesto: pasa a formar parte de un equipo, de una oficina y de una empresa que ya cuentan con una determinada forma de trabajar, comunicarse y relacionarse.
Hay que pensar en cómo trabajará con los demás, qué actitud tiene, cómo recibe las cosas, qué ambiente puede generar a su alrededor y si puede existir una conexión real con el equipo con el que va a compartir el día a día.
Y aquí creo que también hay algo importante: importa cómo encaja la persona que llega y, al mismo tiempo, cómo está construido el equipo que la recibe.
Las personas que ya están en plantilla también son una parte fundamental de todo esto. Son quienes han construido, en gran medida, la forma de trabajar, las dinámicas y el ambiente que existe hoy. Y una nueva incorporación entra precisamente en ese contexto.
Por eso, seleccionar implica valorar cómo puede encajar una persona con la empresa, con las personas que ya forman parte de ella y con la dinámica del equipo, teniendo también en cuenta todo lo que puede aportar.
Y esto se vuelve todavía más evidente cuando, como nos ha pasado ahora, incorporas a varias personas en poco tiempo. Esas cinco personas nuevas empiezan a conocer su trabajo, nuestra forma de funcionar y a las personas con las que van a compartir el día a día. Y, al mismo tiempo, nosotros también tenemos la oportunidad de conocerlos, aprender de ellos e incorporar sus experiencias y nuevas perspectivas al equipo.
Al final, una incorporación es un proceso compartido: la persona que llega se integra en un equipo que ya tiene una historia y una forma de trabajar, y el equipo también crece y evoluciona con cada nueva incorporación.
Y al final, creo que ahí está una de las partes más difíciles de seleccionar bien: encontrar el equilibrio.
