Más impuestos, menos inversión: ¿a quién beneficia realmente esta nueva reforma fiscal?

La reciente reforma fiscal aprobada en el País Vasco se presenta como una apuesta por la equidad. ¿Esto es realmente así? Los puntos clave giran en torno a la vivienda y al aumento de la tributación para quienes más ganan: grandes empresas y rentas más altas.
Una de las primeras medidas es el aumento del límite obligatorio para presentar la declaración de la renta, que pasa a situarse en 20.000€. Además, se contempla una deducción por alquiler de vivienda habitual para las rentas más bajas. Sin embargo, para acceder a ella, será necesario presentar la declaración de la renta, incluso en los casos en los que no se alcance el nuevo mínimo obligatorio.
En esta ocasión, también se tiene en cuenta a autónomos y pymes, quienes históricamente no han podido deducirse ciertos gastos. A partir de ahora, podrán hacerlo, lo que supondrá un alivio importante para este colectivo.
Otro de los aspectos reseñables es el aumento del recargo del IBI sobre las viviendas vacías, que será del 150%. Con esta medida se pretende fomentar que dichas viviendas salgan al mercado del alquiler. Pero cabe preguntarse: ¿no sería conveniente valorar también otras fórmulas que protejan tanto al propietario como al inquilino?
Como han anunciado los portavoces del acuerdo, las rentas más altas pagarán más impuestos. Un ejemplo de ello es que quienes perciban un salario superior a 68.000€ no podrán aplicarse la deducción por vivienda habitual.
En la misma línea, si se rescata la EPSV en forma de capital (en un único pago), se aplicará una mayor presión fiscal que hasta ahora. ¿Realmente esta medida solo afectará a rentas altas? ¿O también impactará sobre numerosos trabajadores de sectores industriales como el siderometalúrgico, que planean rescatar su plan de pensiones?
El caso es que también se elevará la tributación de las plusvalías obtenidas por la venta de acciones o inmuebles, pasando del 25% al 28%. ¿Podrá el ciudadano medio seguir realizando este tipo de inversiones con normalidad?
Por otra parte, entre las medidas de incentivo, destaca el aumento de las ayudas fiscales a empresas que contraten a mujeres o jóvenes, lo que podría fomentar el crecimiento del empleo en estos colectivos.
Por último, el impuesto de sociedades para las grandes empresas aumentará del 24% al 28%. Esto plantea interrogantes clave: ¿valorarían estas empresas un posible traslado fuera de Euskadi tras la reforma? Y, de ser así, ¿qué consecuencias tendría para sus plantillas?
Esta reforma ha sido diseñada para incrementar la recaudación para políticas públicas, bajo el argumento que una disminución de impuestos afectaría directamente a servicios como la sanidad o la educación.
Esto nos lleva a una reflexión: con este aumento de la presión fiscal, ¿notaremos realmente mejoras en los tiempos de espera en sanidad o en la calidad de la educación pública?
Por último, ¿es posible que este nuevo escenario impositivo frene el consumo y, con ello, perjudique al comercio local? En un momento en que muchas pequeñas empresas aún se están recuperando del impacto económico reciente, esta pregunta no debería pasarse por alto.
Por Nagore Maeso Ipiña, responsable del departamento Fiscal-Contable de Hidalgo Abogados y Asesores, articulo publicado en LegalToday.