Los contratos: una herramienta de protección que no consigue la IA

Hoy queremos resaltar algo que, aunque parezca lógico, no todo el mundo tiene claro. Un contrato no es un mero trámite formalista, sino que, más bien, es la herramienta que protege tus intereses a lo largo de toda la vida del mismo, independientemente del negocio de que se trate. Y por ello, hay que darle la importancia que merece.
Hay determinadas relaciones contractuales que, por la asiduidad con la que se firman, no se les da la importancia que realmente tienen. Detrás de lo que la gente considera un simple arrendamiento, se regulan tus derechos y obligaciones durante toda la vida del contrato. Si hablamos de dinero, que se entiende mejor; no son los 500 € de renta convenida, sino los 30.000 € que debes cobrar en los 5 años pactados. ¿Te los vas a jugar?
Hay contratos cuya duración se extiende por décadas, incluso con carácter indefinido o de por vida, y es evidente que una debida reflexión sobre los eventuales riesgos y lo que puede pasar en el futuro permitirá darle una regulación adaptada a tus intereses y conveniencia. Lo anterior, bien merece ese tiempo de reflexión, puesto que puede ahorrarte muchos disgustos y te aportará tranquilidad y seguridad durante toda la vida del contrato.
Detrás de muchos conflictos contractuales no suele haber un problema que no sea predecible, sino una falta de solución pactada como consecuencia de una nula reflexión previa, y acompañada de una deficiente configuración contractual. Es más fácil ponerse de acuerdo en la solución a aplicar antes de que surja el problema, que cuando este ya ha surgido y una de las partes se ha visto afectada.
Una redacción clara y estratégica del contrato resulta clave para anticipar riesgos, reducir incertidumbre y dotar de seguridad jurídica a la relación desde el inicio. Es decir, saber a qué nos comprometemos desde el momento en que firmamos, y que eso, coincida realmente con lo que queríamos.
Esa correcta configuración contractual exige conocer bien las reglas del juego para poder aplicar la estrategia adecuada que te permita ganar la partida, y eso, no lo aporta un modelo genérico ni un contrato creado mediante Inteligencia Artificial.
Un abogado no solo juega con lo que dice, negocia o redacta, sino también, con lo que la ley regula en caso de que el contrato guarde silencio. Y eso, siempre juega a favor de su cliente.
Prevenir antes que litigar
Existe un dicho muy común en el sector legal que dice que “más vale un mal acuerdo que un buen juicio”. Lo comparto, pero solo cuando ya tenemos el conflicto sobre los hombros, porque un buen acuerdo -contrato-, habitualmente evita el conflicto, y, por tanto, el futuro juicio.
Por ello, es importante huir de modelos estandarizados y genéricos que limitan dar una cobertura mínima al contenido contractual, con una transcripción literal de la norma, y apostar por un contrato adaptado a tus concretas necesidades y particularidades del caso. Cada relación es distinta, y también, las partes intervinientes en el mismo. Nunca es igual un contrato de compraventa que otro, ni las circunstancias personales que concurren entre las partes, o los riesgos que de las mismas derivan.
Su verdadera utilidad está en adaptar la relación contractual a la realidad concreta de las partes y a sus circunstancias, prever escenarios de conflicto y ofrecer soluciones antes de que surjan problemas. Dicho de otro modo, a todos nos encaja mejor un traje a medida que un conjunto producido en serie.
Por ello, contar con asesoramiento jurídico especializado desde la fase inicial puede marcar la diferencia entre una operación estable y un conflicto garantizado, lo cual, además, reducirá considerablemente los costes en que se deban incurrir para encontrar la solución o negociarla correctamente.
